¿Conoces las principales funciones de las emociones?

¿Conoces las principales funciones de las emociones?


Centro Nuevo Día por Centro Nuevo Día
11/04/2018

Johnmarshall Reeve es uno de las autores que más ha contribuido en las últimas décadas al estudio y conocimiento de la motivación y la emoción. Concretamente, este profesor considera que las principales funciones de las emociones son tres: adaptativa, social y motivacional. Veamos con detenimiento en qué consiste cada una de ellas y cómo, en ocasiones, inhibir una reacción emocional puede ser incluso útil.

El orgullo, el miedo, la alegría, la rabia o la vergüenza son tipos de emociones que producen un triple efecto en las personas. Por un lado, generan consecuencias subjetivas, que manifestamos en forma de sentimientos o estados emocionales. Por otro lado, efectos fisiológicos, los cuales se refieren a las alteraciones que esas experiencias provocan en nuestras células, tejidos, órganos u organismo en general. Finalmente, podemos hablar de las emociones como motivadoras de conductas.

Función adaptativa

Preparar al organismo para la acción es una de las funciones de las emociones más importantes. Y, en este sentido, cada una de ellas, con independencia de su valencia o tono hedónico, tiene su propia utilidad.

Gracias a esta capacidad adaptativa de la que nos dotan, podemos ejecutar eficazmente las acciones. Nos permite movilizar y emplear la energía suficiente y necesaria para irnos acercando o alejando del objetivo o la meta que tenemos. Por ejemplo, las emociones que nos suscita ver a alguien cercano a nosotros llorando, nos hace aproximarnos e interesarnos por qué le sucede.

Esta relevancia de las emociones como mecanismo adaptativo ya fue señalada por el mismísimo Charles Darwin, quien consideraba a las emociones como facilitadoras de conductas adecuadas.

Función social

“Siento vergüenza”, “estoy boyante” o “eso me genera aprensión”. Las emociones comunican nuestros estados afectivos y expresan nuestro estado de ánimo. Además, facilitan la interacción social y sirven para que el resto de personas de nuestro alrededor pueda predecir nuestro comportamiento, así como nosotros el suyo. Por tanto, su valor en lo que respecta a las relaciones interpersonales es indudable.

A veces las emociones son difíciles de definir verbalmente. Por eso, hay que tener en cuenta que no solamente se puede expresar cómo nos sentimos de manera oral. Si queremos saber en qué estado de ánimo se encuentra alguien, a veces es preferible observar. La postura corporal que adoptamos o nuestra expresión facial son, en muchas ocasiones, bastante más informativas que un “estoy triste”.

No obstante, la falta de comunicación o inhibición de las emociones puede ejercer, en cierta manera y solamente en ocasiones contadas, una función social. En concreto, en aquellas situaciones en las que ocultar y no mostrar ciertas reacciones nos asegura mantener viva la relación de amistad con la otra persona. Es decir, cuando es “peor el remedio que la enfermedad”.

En términos generales, la inhibición emocional produce malos entendidos y una carga fisiológica adicional. Ésta, además de ser evitable, puede ser muy perjudicial. Por el contrario, poder manifestar los sentimientos y sacar a relucir las experiencias emocionales de manera controlada es muy saludable y beneficioso. Y, además, fortalece la red de apoyo social.

Su contagio social

El fuerte componente de contagio social que tienen las emociones puede ser una de las razones por las que las personas positivas parecen ser más atractivas que las negativas. Todos estamos predispuestos genéticamente para dejarnos llevar por este contagio emocional. Pero hay personas con mayor capacidad, tanto para transmitir como para captar emociones.

Función motivacional

Por último, la motivacional es otra de las funciones de las emociones consideradas como más relevantes. La relación que se establece entre motivación y emoción es bidireccional, porque ambas se retroalimentan constantemente.

Por una parte, toda conducta motivada produce una reacción emocional. Y, por otra, las emociones son la gasolina de la motivación. Determinan la aparición de este tipo conductas, las dotan de mayor o menor intensidad y las guían en una u otra dirección.

Por ejemplo, si sentimos alegría y nos divertimos tomando un café con otra persona, nos sentiremos más motivados para verle la próxima vez. Por el contrario, una mala experiencia con ella nos elicitará una sensación negativa que hará que pensemos dos veces volver a quedar con ella.

Las emociones son el primer sistema motivacional para la conducta humana. Juegan un papel crítico en la energización de la conducta motivada. Así como en los procesos de percepción, razonamiento y acción motivadora.

Ya sabemos cuáles son las principales funciones de las emociones. Así que ya podemos ser más conscientes de los cambios fisiológicos que experimentamos a lo largo del día. ¿Cuántas emociones podemos tener en 24 horas? Ahora… ¡Imagina el número de alteraciones celulares que se producen como consecuencia de nuestras emociones!

Autor: Sara Clemente


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