La felicidad está donde tú quieras

La felicidad está donde tú quieras


Centro Nuevo Día por Centro Nuevo Día
24/11/2017

Claramente no es la situación, el contexto o lo que te toca vivir lo que determina el que te sientas más o menos feliz. La felicidad no nace de ningún logro, de una pareja, de un hijo o de una casa en primera línea de playa. Ser feliz pasa por tener un sistema de valores bien fundamentado, enfocándonos en el presente, amándonos de una forma incondicional y saber apreciar lo que tenemos.

Si nos esforzamos por cambiar nuestra filosofía de vida y adoptamos esta mirada alegre de la vida, nos percataremos de cómo podemos encontrar la felicidad exactamente donde queramos.

La felicidad no hay que buscarla porque no existe en ningún lugar que implique búsqueda. Es decir, no está ahí afuera como muchas veces nos hacen creer.

Sin afán de generalizar, suele coincidir que la gente que se ha acostumbrado a vivir con menos, a su vez, acaba necesitando menos. La consecuencia es que su atención está más dirigida a los pequeños placeres que a aquellas gratificaciones que son efímeras.

Es por esto que la plenitud psicológica nace desde adentro de la persona. No se trata de creer que cuando obtengamos eso que pensamos necesitar, entonces seremos felices. Si no eres feliz con lo que tienes, difícilmente lo serás cuando lo consigas.

El primer paso que necesitas para sentir más felicidad es precisamente dejar de buscarla. Cuando nos exigimos a nosotros mismos que “debemos ser felices” y no lo conseguimos, nos frustramos; y la frustración no es precisamente sinónimo de felicidad. Además, obsesionarnos con ser felices nos llena de ansiedad y desesperación y acaba convirtiéndose en una lucha.

Para ser feliz, deja a un lado las necesidades absolutistas. Lo cierto es que necesitamos pocas cosas para estar sanamente bien: un poco de comida, un poco de agua para hidratarnos, un techo para resguardarnos, actividad física para no enfermar, tener alguna meta que nos anime a levantarnos cada mañana, dormir, respirar y poco más.

Todo lo que pensamos que necesitamos que se sale de todo esto, provoca que seamos infelices. El creer que debemos tenerlo, cueste lo que cueste, nos pone ansiosos y si lo conseguimos y finalmente lo perdemos, nos deprimimos.

Cambia tu escala de valores. No te centres tanto en el trabajo, en encontrar pareja, en el dinero, en el éxito. Cuando estés a punto de morir, no recordarás eso. Lo que sí recordarás son las experiencias vividas con tus amigos, los momentos con tu familia, el café que te tomabas a media tarde viendo el mar o el sonido de la respiración de tu perro cuando leías un buen libro.

Que tu prioridad sea el amor: hacia ti mismo, la vida y los demás. Si eres capaz de amar lo sencillo, lo humano y a los pequeños detalles, entonces conseguirás ser feliz.

¿Te animas a ponerlo en práctica?


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